En la cultura popular dominicana, el salami no solo es uno de los alimentos de mayor consumo, sino también un término coloquial utilizado para describir a alguien que goza de singular suerte, porque ese embutido casi siempre está colgando en los colmados y nunca se ahorca.
En el tren gubernamental este dicho popular parece encontrar su mejor reflejo en Adolfo Pérez y Hecmilio Galván.
Ambos funcionarios comparten una característica en común: a pesar de haber sido objeto de severas críticas y denuncias durante sus gestiones, continúan subidos en el palo, desempeñando sus altas funciones contra viento y marea.
En el caso de Pérez, su trayectoria en la administración pública ha estado rodeada de controversias y denuncias de presuntas irregularidades desde su paso por la Central de Apoyo Logístico (Promese/CAL) hasta su actual desempeño al frente del Instituto Nacional de Bienestar Estudiantil (Inabie).

Por su parte, Hecmilio Galván se ha mantenido como director ejecutivo del Fondo Especial para el Desarrollo Agropecuario (FEDA) desde la llegada al poder del Partido Revolucionario Moderno (PRM) en las elecciones del año 2020.
Galván se vio envuelto en un escándalo tras denuncias divulgadas en reportajes de investigación, en las cuales se le acusó de exigir supuestos descuentos salariales a los empleados del FEDA, que oscillaban entre los 3,000 y 20,000 pesos mensuales, para financiar un movimiento político integrado por personal de la misma institución.
Ante la gravedad de estas acusaciones, el presidente Luis Abinader llegó a asegurar en febrero pasado que las denuncias sobre malas acciones de funcionarios públicos serían investigadas.
Sin embargo, a pesar de las advertencias y señalamientos, ambos funcionarios permanecen desempeñando funciones en el Estado.





















