
Empiezo con uno que no es urgente hoy; lo ha sido por más de 30 años en nuestro país y en el mundo: la pandemia de los accidentes de tránsito. Estamos perdiendo a nuestros jóvenes y, por ende, gran parte de la fuerza productiva. La República Dominicana sigue siendo el primer país del mundo en muertes por accidentes de tránsito y el segundo en ellos. El fin de semana, uno solo se llevó la vida de cinco personas. No tenemos una política pública para prevenirlos; escribí una y la he publicado decenas de veces, y ninguna autoridad me ha hecho caso. Crean nuevas instituciones, duplican funciones, nombran jefes por doquier, se pierde mucho dinero en corrupción y seguimos cada vez peor.
Por un lado, positivamente, me enteré de que los ganadores del Nobel de Medicina 2026: Karl Deisseroth, Peter Hegerman y Georg Nagel han desarrollado la optogenética, que les permite intervenir sobre células vivas directamente en los humanos y, entre otras cosas, al parecer, permite que se corrijan trastornos neuropsiquiátricos valiéndose de células de otros órganos y se mejoren las neuronas.
La otra urgencia de salud, que, aunque no lo parezca, es la mayor, es la situación cada vez más anárquica y peligrosa en Haití. Nuestros vecinos viven en el caos y el desorden desde hace décadas y, en los últimos años, sin gobierno y bajo el control de centenares de pandillas. La crisis se ha agudizado después del secuestro de cuatro soldados técnicos salvadoreños, y el pasado lunes el presidente Abinader, en rueda de prensa, anunció que sería reforzada la presencia militar en la frontera y no se permitiría la presencia de las bandas a menos de 20 kilómetros de territorio dominicano, y que no serían enviadas fuerzas militares a Haití.
Lo primero, ni él se lo cree, porque, para garantizar que no se acerquen a 20 kilómetros y replegarlos, tendrá que usar fuerzas militares, a menos que ataque desde la frontera, aunque eso no resuelve el problema de Haití y ahora parece que la salvación es Nayib Bukele.
El problema haitiano es más nuestro que de ellos, y la corrupción permite el trasiego en la frontera, a lo que se suma la venta de armas y municiones de nuestras instituciones armadas a las pandillas. Va a llegar un momento en que no podremos hacer nada y nos sumiremos en su caos, lo que ha de significar «algo más que salud».




















