
Decir que la situación internacional está severamente adversa para la República Dominicana a estas alturas ya es bastante obvio. La impredecible política comercial de nuestro principal socio, la situación en el Estrecho de Ormuz, los efectos de El NIño, la persistente inflación global, entre otros eventos globales y regionales ya nos tienen trabajando a doble tiempo para evitar una catástrofe económica en nuestro territorio, el anuncio de que Estados Unidos viene considerando una suspensión parcial o total de sus exportaciones de gasoil nos cae como un jabón del tamaño de un block dentro de nuestro sancocho.
Aproximadamente el 63% del gasoil que se consume en República Dominicana se importa ya refinado desde los Estados Unidos. El combustible es esencial para el transporte y sectores tan sensibles de nuestra economía como la energía, la construcción y la agricultura. Si bien la invasión de Rusia a Ucrania y la guerra en Irán han tenido un impacto severo en el precio del combustible, en República Dominicana hemos podido contar con un suplidor fiable en medio de toda esta incertidumbre. Pero ahora ese suplidor no luce tan fiable.
En Estados Unidos el precio del gasoil se ha incrementado en alrededor de un 77% en un año, esto está teniendo un efecto económico, social y, muy especialmente, político en nuestro principal socio comercial y proveedor de dicho combustible, que le ha llevado al punto de destapar la idea de prohibir total o parcialmente su exportación en un intento de asegurar su propio suministro y reducir los precios. Una acción de esta naturaleza no tendría precedentes, y es tan radical (e inefectiva) que hasta hace menos de una semana todo medio reputado lo consideraba tan descabellado que ni valía la pena ponderarlo, pero acá estamos. Naturalmente, la prohibición de exportar gasoil no va a tener un efecto importante sobre el precio y, de hecho, es probable que empeore una situación de por sí muy mala, pero no debemos esperar que ese tipo de consideraciones detengan a los actuales incumbentes de tomar sus malas decisiones.
Esto deja a la República Dominicana en la posición de tener que buscar alternativas en el peor momento para hacerlo. La capacidad de producir y refinar la demanda adicional de gasoil que generaría la suspensión de exportaciones de Estados Unidos simplemente no existe o se encuentra severamente limitada por la guerra en Irán, y antes que podamos preocuparnos por los precios, que de por sí serán gravosamente elevados, vamos a tener que preocuparnos por la disponibilidad del gasoil para nuestro consumo.
Tengo casi 10 años hablando de la imperiosa necesidad de diversificar nuestras opciones comerciales en el exterior, el objetivo de esa diversificación siempre ha sido precisamente mitigar el impacto de estas situaciones. Diversificar sigue siendo la mejor solución de corto y lejano plazo, pero esta fuera mucho más eficaz si no se ejecutara con el agua en el cuello.
Estados Unidos nunca ha prohibido la exportación de productos refinados, por lo que aún queda por verse si estos procederán a implementarlo y, en caso de hacerlo, que tan efectivo podría ser. Eso dicho, ya debe resultarnos claro que, a futuro, la República Dominicana no puede seguir jugando a los dados con su economía poniendo todos sus huevos en la canasta del norte, que ahora mismo y por el futuro previsible seguirá siendo un actor notoriamente impredecible. Y sobre el presente… honestamente ya no sé que decirles. Buena suerte a todos!




















