
Continúo con este tema. El acuerdo de 1825, en donde Francia traspasó las tierras del Santo Domingo Francés a Haití, llenó de mezquindad a los haitianos, que prolongaron sus provocadoras incursiones a territorio dominicano, apropiándose de espacios históricamente dominicanos. En las mesas diplomáticas los haitianos argumentaron que los pueblos San Miguel de la Atalaya y San Rafael les fueron arrebatados a Francia en 1809, desconociendo abiertamente los tratados de 1825 que no incluían esos predios.
En 1867, la República Dominicana, representada por el general José María Cabral como presidente, y el general Salnave, presidente de Haití, firmaron un acuerdo en el que se consignaba, que se discutirían los límites de cada país en otra mesa diplomática de negociación.
El ventajismo de Haití durante el siglo XIX fue de tal magnitud, que durante la Guerra de los Seis Años, fue tomada como excusa por los haitianos para ocupar tierras netamente dominicanas en la frontera. El destacado historiador Emiliano Tejera, en su libro Escritos Diversos, en la página 57, lo concibe de la siguiente manera: «Varios kilómetros de territorio, siempre dominicano, cayeron de ese modo bajo el dominio de Haití, la mayor parte en la común de las Matas de Farfán».
República Dominicana se mantuvo siempre a la expectativa de rubricar acuerdos que pusieran fin a las incursiones solapadas de las huestes haitianas a tierras dominicanas.
Durante los conflictos nacionales, la estrategia de los vecinos del oeste fue siempre aliarse a uno de los bandos contendores en las consuetudinarias luchas fratricidas dominicanas, y sigilosamente ocupaban terrenos dominicanos, para posteriormente exigir su posesión o pertenencia.
En 1830, España envió una comisión a Puerto Príncipe para exigir la devolución de los territorios ocupados, y en 1855 concedió a la República Dominicana sus derechos sobre La Española, potestad de la que todavía goza. Emiliano Tejera, en la página 60 de la obra citada, describe la insistencia de España ante Haití para que desocupara las tierras invadidas de esta forma: «En 18 de marzo de 1862 da orden al cónsul General español en Puerto Príncipe, de que
pida a Haití el retiro de sus tropas de la porción de territorio que esta ocupa en la antigua Parte Española de Santo Domingo, tal como está demarcada en el Tratado de Aranjuez, por pertenecer en derecho esa
porción a la nueva Provincia de Santo Domingo».
En 1874 se firmó un tratado en el cual la República Dominicana era todo el Santo Domingo Español, y Haití era el Santo Domingo Francés, pero en el mismo, aún Haití no reconocía a San Miguel de la Atalaya, a San Rafael, Hincha, Las Caobas y los territorios de las Matas de Farfán expropiados irrespetuosamente por los vecinos, a pesar de que, de derecho, estas áreas pertenecían al Estado Dominicano.
Históricamente, las voces de protestas ante la sustracción de propiedades nacionales, ha habido diferentes protestas: Núñez de Cáceres en 1822, la Iglesia Católica en 1851 y 1878 —los católicos criollos contaban con parroquias tanto en San Miguel de la Atalaya, como en San Rafael e Hincha—, como también el Congreso como el gobierno dominicano en abril de 1844.
En 1883 se convocó a otra mesa de negociación para discutir los acuerdos firmados en 1874. Allí se propuso que se estableciera una línea divisoria provisional que pasara por los puntos geográficos que ambos pueblos ocupaban en 1856.
Las disputas domínico-haitianas llegaron inclusive al Vaticano, en donde la Cancillería dominicana le pidió al papa León XIII interceder en el asunto, negándose el sacerdote a conocer el litigio, e intentándose nuevamente en 1901.
Ya entrado el siglo XX, los presidentes dominicanos fueron aceptando paulatinamente las constantes invasiones y el hurto de territorio dominicano por parte de Haití. En 1929 el dominicano Horacio Vásquez firmó un acuerdo con el haitiano Louis Borno; en 1936 el dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina rubricó un tratado con el mandatario haitiano Stenio Vincent, en los cuales, a decir de historiadores, tanto Trujillo como Vásquez, le regalaron más de 6 mil kilómetros cuadrados de territorio dominicano a Haití.



















