
Durante decadas, la Republica Dominicana miro con distancia el colapso del sector arrocero. Alli, el abuso imperial y la promesa de alimentos baratos forzaron una apertura comercial que debilito a los productores nacionales y profundizo la dependencia del exterior.
Lo anterior no es una opinion. El 10 de marzo de 2010, ante el Senado estadounidense, Clinton admitio que la politica de los paises ricos de vender alimentos a los pobres para que abandonaran su produccion y pasaran a la industrializacion habia fracasado.
Hoy, con el decreto 635-26, firmado el 9 de septiembre de 2026, ha comenzado ese fenomeno. No estamos diciendo que Republica Dominicana esta condenada a repetir la tragedia haitiana, pero ha dado el primer paso en una direccion cuyo desenlace ya conoce.
La liberalizacion haitiana comenzo en 1986 y para finales de 1994 y 1995, Haiti habia reducido el arancel del arroz del 50 por ciento al 3 por ciento. La produccion nacional paso de 180,000 toneladas anuales a 105,000 en apenas una decada, una caida del 42 por ciento. Las autoridades haitianas ejecutaron la reforma; Oxfam documento la fuerte presion de Estados Unidos y del Banco Mundial sobre la apertura.
Para finales de los noventa, las importaciones cubrian dos tercios del consumo. Bill Clinton se disculpo, pero no ante el pueblo haitiano; lo hizo ante el Senado estadounidense, precisamente despues de que el terrible daño ya estaba consumado.
Hoy Haiti importa alrededor del 90 por ciento de su arroz. El debilitamiento de su capacidad productiva agrevo la dependencia y la vulnerabilidad. La leccion es clara: cuando un pais abandona su produccion de alimentos basicos, la factura social llega y llega con toda su fuerza destructiva y empobrecedora.
No fue una competencia entre iguales. El pequeño agricultor haitiano enfrentaba dificultades en el riego, el acceso al credito, la maquinaria y la comercializacion. Enfrente tenia una agricultura estadounidense con apoyo estatal y una cadena exportadora mucho mas poderosa. Oxfam identifico la competencia del arroz importado, comercial y de ayuda alimentaria, como un factor del retroceso de la participacion nacional.
El Banco Mundial reconocio ambos efectos y constato que las reformas haitianas no habian producido aumentos generales de ingresos ni reducciones de la pobreza.
Un arroz mas barato puede aliviar a una familia. La perdida de su trabajo puede impedirle comprarlo.
Cuando una familia deja de cultivar, el costo recae sobre el jornalero, el molino, el transportista y el comercio de la comunidad. La factura social no aparece completa en el precio del saco de arroz importado, ni figura el costo de la perdida de la soberania alimentaria.
Antes de la apertura comercial de 1986, Haiti era practicamente autosuficiente en arroz. Practicamente la misma situacion por la que atraviesa la Republica Dominicana actualmente: el USDA proyectaba en abril una produccion dominicana de 675,000 toneladas de arroz elaborado para 2026-2027, frente a un consumo de 720,000 toneladas. Es una capacidad nacional considerable que debemos preservar para no situarnos en una dependencia comparable a la haitiana.
Pero el Decreto 635-26 retiro el regimen especial de proteccion sin establecer en su texto una alternativa ni compensaciones. Y el 6 de octubre, segun un comunicado de la Presidencia, ADOFA la Asociacion Dominicana de Factorias de Arroz todavia desconocia el mecanismo que se estableceria para proteger al sector.
El Gobierno esta invocando el DR-CAFTA y ofreciendo modernizacion. Practicamente lo mismo que le ofrecieron al pueblo haitiano. Y es cierto, el calendario comercial existe; tambien existe Pronamec, anunciado con mas de 200 millones de pesos para distintos cultivos. Lo pendiente es demostrar que apoyo especifico llegara a los arroceros, cuando y con que resultados.
Abinader debe presentar garantias verificables: credito oportuno, riego, mecanizacion accesible, comercializacion justa y proteccion de los ingresos ante una transicion que afecte las cosechas. Debe publicar los fundamentos tecnicos de la derogacion y explicar que se negocia con Washington.
Los dominicanos debemos defender al productor y al consumidor juntos. No queremos comida cara ni campos abandonados. Queremos alimentos accesibles, trabajo digno y capacidad nacional para producirlos.
Clinton reconocio el error cuando el daño ya llevaba años. No esperemos a que otro presidente pida pildoras de perdon por haber debilitado el arroz dominicano.
Republica Dominicana tiene la capacidad productiva, la experiencia y el tiempo todavia para decidir que quiere ser: un pais que alimenta a su pueblo o un pais dependiente de quien le venda la comida barata. La eleccion no es tecnica. Es politica, y es ahora. Por Felipe Lora Longo





















