Imagina un teléfono móvil que cae al suelo y continúa funcionando con normalidad. A simple vista, parece que no ha sufrido ningún daño; sin embargo, algunos de sus componentes internos podrían haberse afectado. Algo muy similar puede ocurrir con el cerebro humano después de un traumatismo craneal.
Los traumatismos craneoencefálicos pueden dejar secuelas a largo plazo, aunque la persona afectada haya retomado sus actividades cotidianas y aparente haberse recuperado por completo, según advirtió el destacado neurocirujano Edgardo Mateo.
“A veces vemos que una persona vuelve a caminar, conversar y trabajar, y asumimos que todo quedó atrás. Sin embargo, ella puede sentir que le cuesta más concentrarse, que se cansa con facilidad o que su memoria ya no responde igual”, expresó Mateo a El Nacional.
Aunque la gran mayoría de las personas que sufren una conmoción o traumatismo craneal leve se recupera satisfactoriamente, el especialista precisó que ciertos pacientes necesitan más tiempo y acompañamiento médico para superar las secuelas de la lesión.
En ese sentido, insistió en que los testimonios de quienes experimentan cambios neurológicos después de un golpe deben ser escuchados y evaluados clínicamente. “Verse bien y sentirse recuperado no siempre van de la mano. Por eso, cuando un paciente nos dice “desde aquel golpe no me siento igual”, debemos escucharlo con atención” destacó.
Neurocirujano Edgardo Mateo.
Mateo indicó que entre las secuelas neurológicas que pueden persistir después de un traumatismo craneal figuran los dolores de cabeza intensos, mareos, alteraciones del sueño, fatiga crónica, fallos de memoria y dificultades para mantener la concentración.
También pueden presentarse episodios de irritabilidad, ansiedad y cambios drásticos de ánimo, síntomas clínicos que, según explicó, requieren valoración médica cuando interfieren con la rutina diaria.
Advirtió que la aparición de síntomas neurológicos nuevos tras varios años sin molestias requiere una profunda investigación diagnóstica para determinar su verdadero origen, sin atribuirlos de forma automática a un traumatismo antiguo.
El neurocirujano también alertó sobre las señales de alarma que demandan atención médica urgente en emergencias, entre ellas la cefalea progresiva que empeora con las horas, los vómitos persistentes en escopetazo, la dificultad para despertar, la desorientación o confusión, las convulsiones y la debilidad motora o problemas para hablar y caminar.
Advirtió, además, que peligrosos sangrados intracraneales o hemorragias cerebrales pueden manifestarse días o semanas después de un golpe aparentemente menor, especialmente en adultos mayores y pacientes que consumen medicamentos anticoagulantes.
Al consultarle sobre los riesgos asociados a los impactos repetidos en la cabeza, el médico especialista sostuvo que el daño acumulativo puede elevar considerablemente el riesgo de secuelas crónicas en la memoria, el enfoque mental y otras funciones cerebrales clave.
“Un impacto no necesita dejar a la persona inconsciente para ser relevante: algunos golpes pasan casi inadvertidos, pero forman parte de una exposición que se acumula con el tiempo”, puntualizó el primer neurocirujano seleccionado y egresado tanto de la especialidad de Neurocirugía como de la alta especialidad en Cirugía de Base de Cráneo y Endoneurocirugía del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía Manuel Velasco Suárez (INNN), en México.
Recomendaciones clave
En cuanto al tratamiento y manejo de los traumatismos craneales, el experto aconsejó no subestimar ninguna molestia posterior a un impacto y acudir a una revisión médica oportuna para evaluar la magnitud del traumatismo, prevenir complicaciones graves e iniciar el seguimiento correspondiente.
Explicó que, tras sufrir una conmoción cerebral, suele indicarse un reposo físico y cognitivo relativo durante uno o dos días, para luego retomar progresivamente la rutina según la evolución clínica del paciente y el criterio del médico tratante.
Asimismo, recomendó asegurar un descanso reparador y evitar situaciones con riesgo de nuevos golpes en la cabeza, en particular antes de regresar a la práctica de deportes de contacto.
Si el malestar se intensifica o no muestra mejoría sustancial tras un lapso de dos a tres semanas, recalcó que es prioritario someterse a una reevaluación médica especializada.
El especialista enfatizó que el entorno familiar cumple un rol fundamental para detectar cambios conductuales o cognitivos que el paciente no percibe o prefiere callar.
Por ello, recomendó acompañar a los afectados con empatía, validar su malestar y garantizar una atención médica profesional ante cualquier alteración prolongada.
“Nuestro objetivo es que la persona vuelva a sentirse segura, capaz y dueña de su vida”, concluyó el Dr. Mateo, miembro fundador del primer Centro de Excelencia Pituitaria (PCOE) del INNN.



















