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El béisbol invernal dominicano vivió una noche singular el miércoles 21 de octubre. En dos escenarios distintos, las combinaciones de lanzadores produjeron resultados diametralmente opuestos y dejaron en el aire una pregunta que merece atención: ¿existe un desnivel entre los equipos de la Liga de Béisbol Profesional de la República Dominicana (LIDOM)?
En La Romana, los Tigres del Licey, jugando como visitantes frente a los Toros del Este, necesitaron siete lanzadores para completar una de las hazañas más difíciles del béisbol: dejar sin hits ni carreras a sus rivales.
Luis Gil, Radhamés Clemente, Alexander Cornielle, Michael Arias, Luis Frías, Wander Suero y Jean Carlos Mejía se combinaron para aplicarles la llamada «ley seca» a los Toros, en una victoria por blanqueada de 3-0 que permitió a los azules ocupar en solitario el primer lugar del torneo.
Mientras los Tigres cerraban las puertas del corral romanense, a unos 122 kilómetros de distancia, en el Estadio Quisqueya Juan Marichal se desarrollaba una historia muy diferente.
Diez lanzadores de los Leones del Escogido desfilaron por el montículo sin encontrar la fórmula para contener la ofensiva de los Gigantes del Cibao. Los nordestanos remontaron en varias ocasiones y terminaron imponiéndose por 14-9 a los vigentes bicampeones nacionales, en un partido en el que el relevo escarlata no pudo frenar el torrente de imparables de sus adversarios.
Marcell Ozuna, de los Gigantes del Cibao, observa la bola salir del Estadio Quisqueya Juan Marichal para un jonrón con las bases llenas frente a los Leones del Escogido, en la octava entrada.
Jeremy Rohades, Kelly Austin, Spencer Bauer, Patrick Halligan, Alex Colomé, Héctor Neris, Aneurys Zabala, Iván Armstrong, José Espada y Brian McKenna integraron la larga lista de relevistas utilizados por el Escogido, sin que ninguno de los movimientos lograra cambiar el curso del encuentro.
Dos partidos, dos desenlaces y una diferencia notable en la respuesta de los cuerpos de lanzadores. De un lado, siete brazos unidos para completar una blanqueada sin hits; del otro, diez hombres incapaces de evitar una ofensiva de 14 carreras.
¿Estamos ante una señal de desnivel entre los equipos de LIDOM?
Habrá quienes consideren que estos resultados son parte de la naturaleza de un campeonato que apenas comienza. Y no les falta razón: en las primeras jornadas, los conjuntos todavía ajustan sus piezas, los lanzadores buscan su mejor forma y las ofensivas atraviesan momentos de mayor o menor producción.
Otros, sin embargo, podrían interpretar lo ocurrido como una señal de que algunas organizaciones hicieron mejor su tarea a la hora de conformar sus plantillas, especialmente en un aspecto tan determinante como la profundidad del cuerpo de lanzadores.
Por ahora, sería prematuro emitir un juicio definitivo. La muestra es demasiado pequeña para establecer diferencias estructurales entre los seis equipos. Pero tampoco conviene ignorar lo que sucede en el terreno, sobre todo en un torneo corto, donde cada partido puede tener un peso considerable en la clasificación.
La temporada apenas comienza, pero ya ofrece motivos para observar con atención. Porque una cosa es reconocer que el béisbol es impredecible y otra muy distinta es pasar por alto las señales que puedan revelar diferencias en la preparación y la calidad de los equipos.
El tiempo, y sobre todo lo que ocurra en las próximas jornadas, dirá si aquella noche fue simplemente una coincidencia o el primer indicio de una tendencia.



















