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En Brasil, tensó las relaciones diplomáticas al acusar de ladrón y corrupto al presidente Lula da Silva después que la justicia le negó un encuentro con el expresidente Jair Bolsonaro, en prisión domiciliaria por el frustrado golpe de Estado que protagonizó. Pero en España ha creado otro alboroto al acusar de dictador al presidente Pedro Sánchez. Sus arrebatos han generado rechazo de sectores de la derecha que defiende con tanta vehemencia.




















