
El próximo martes 3 de noviembre, Estados Unidos acude a una de las citas electorales más determinantes de su historia reciente. Las elecciones de medio término de 2026 no son solo un trámite legislativo; representan un referéndum sobre la gestión de Donald Trump, cuyo retorno al poder ha sumido al país y a la región en una inestabilidad económica y social sin precedentes.
El panorama electoral sugiere una inminente ola azul. Es muy probable que el Partido Demócrata recupere el control de la Cámara de Representantes, lo que abriría la puerta a investigaciones necesarias sobre los actos de Trump y su familia. Sin embargo, la verdadera batalla se libra en el Senado. Estados como Florida, Alaska y Texas, donde la comunidad dominicana tiene una presencia vibrante y decisiva, presentan contiendas cerradas que definirán el equilibrio de poder.
Las razones para este giro político son evidentes. El alto costo de la vida y de los combustibles ha golpeado el bolsillo de los trabajadores, una crisis alimentada por las erradas políticas públicas de Trump. Sus aranceles proteccionistas y la innecesaria escalada bélica en Irán han sido los detonantes de una inflación que asfixia a las familias.
Para la comunidad latina, el escenario es aún más sombrío. Las actuaciones de ICE y el servicio de protección de fronteras han impuesto un clima de terror entre nuestros hermanos residentes en EE. UU., distanciando al gobierno de un voto hispano que hoy es más consciente que nunca de su fuerza.
Pero el daño no se limita a las fronteras estadounidenses. Para la República Dominicana, la política de Trump ha sido nefasta. Su decisión de imponer la entrada de arroz subvencionado, en detrimento de nuestros productores nacionales, es un golpe directo a la soberanía alimentaria y a la economía rural de nuestra isla. Resulta chocante que, tras dos años de desastres, todavía existan comentaristas y políticos dominicanos que se alineen con este director de circo.
Si Trump pierde el Senado, perderá su capacidad de nombrar jueces, embajadores y cónsules a su antojo. Se le cerrará el paso a la arbitrariedad. Por ello, es imperativo que los dominicanos residentes en Estados Unidos salgan a votar masivamente por los candidatos demócratas. Es hora de cerrarle el paso a la ineptitud y al autoritarismo. El voto dominicano tiene el poder de devolver la cordura a la Casa Blanca y proteger tanto a quienes viven allá como a los intereses de su patria de origen. ¡Que el friito y/o la lluvia no dañen la fiesta de la democracia. ¡Salgan a votar!





















