El Estadio Cibao de Santiago, hogar de las Águilas Cibaeñas, cumple hoy un año más llevando alegría a su fanaticada. El complejo deportivo fue inaugurado el 25 de octubre de 1958 bajo el nombre de Estadio Leónidas Radhamés, en honor al hijo menor del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina. La construcción de la obra, liderada por el ingeniero Bienvenido Martínez Brea, inició en abril de 1957 en el sector Gurabito de Santiago, sede tradicional del equipo. Ese día inaugural se celebró el primer partido nocturno de la región gracias al moderno sistema de luces artificiales instalado en el recinto.
Por su parte, el equipo de las Águilas Cibaeñas se fundó originalmente el 2 de enero de 1933 en Santiago con el nombre de Santiago Baseball Club. Cuatro años más tarde, el 28 de enero de 1937, adoptó la identidad que ostenta en la actualidad. Entre los miembros fundadores de la escuadra santiaguera figuran Gustavo Tavárez, W.E. Brown, Benjamín Sánchez G., Luis Meses Ariza, Rafael V. Meyreles, Esteban Piola, Luis Pérez y Demetrio Mojica. Apenas cinco días después de su fundación, el sábado 7 de enero de 1933, disputaron su primer compromiso internacional en el Play Enriquillo frente a la famosa novena cubana Cuban Star, quienes barrieron la doble cartelera con marcadores de 9-4 y 4-1.
Tras la caída del régimen trujillista en mayo de 1961, el recinto fue rebautizado formalmente como Estadio Cibao. A lo largo de su historia, las Águilas han conquistado 22 campeonatos nacionales teniendo como sede este icónico parque de pelota. Apodado popularmente como el Valle de la Muerte, aficionados y rivales lo consideran el estadio más intimidante de la República Dominicana y de todo el Caribe.
Vista aérea del Estadio Cibao, de Santiago.
La imponente mística de este escenario se forjó gracias a peloteros legendarios que marcaron épocas en la pelota invernal. Durante las décadas de 1970 y 1980, figuras de la talla de Miguel –Guelo– Diloné (la célebre Saeta) desquiciaban a los rivales con su velocidad en las bases, mientras que Winston –Chilote– Llenas se consolidaba como el gran líder histórico de la franquicia tanto dentro como fuera del terreno. A ellos se sumó el emblemático receptor Tony Peña, considerado el Pelotero de la Patria, quien impuso respeto detrás del plato con su agresividad y entrega incondicional por la causa aguilucha.
A finales de los 90 y principios de los 2000, surgió la dinastía moderna del conjunto amarillo respaldada por jugadores icónicos. Luis Polonia, la Hormiga Atómica, grabó su nombre en letras doradas al convertirse en el líder absoluto de hits de todos los tiempos en la liga dominicana. El poder ofensivo estuvo comandado por Miguel Tejada, conocido como La Guagua por su asombrosa capacidad para remolcar carreras en momentos de presión, acompañado del temible slugger Mendy López, quien durante años ostentó el récord histórico de cuadrangulares del circuito criollo.
La historia del equipo no estaría completa sin sus grandes colosos del montículo y la dirección. El cuerpo de lanzadores tuvo en Arturo Peña a su cerrador más dominante, dueño del récord histórico de juegos salvados en el país, y al inolvidable José Lima, cuyo electrizante carisma acuñó el fenómeno del Lima Time en cada una de sus aperturas. Guiando a muchas de estas estrellas desde el dugout estuvo el legendario capataz Félix Fermín, el mánager más ganador en la historia del béisbol invernal dominicano, encargado de transformar el talento de estas deidades cibaeñas en trofeos de campeones.





















