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Con los múltiples recortes a que se ha visto abocado el Gobierno para lidiar con las secuelas de la problemática internacional, la convocatoria de una licitación por 630 millones de pesos para adquirir ingredientes de kits de habichuelas con dulce para la Semana Santa de 2027 no parecía, en estos momentos, lo más prudente. Sin importar que la distribución de los productos sea parte de una tradición y hasta ponderarse la transparencia y planificación de la operación.
Aunque pueda aducirse que 630 millones de pesos sea una bagatela y que con la licitación se beneficiaba a productores agrícolas, de todas maneras el Gobierno hizo bien en cancelar un concurso cuyo objetivo contrasta con las restricciones derivadas de las presiones que el petróleo, la energía y otros componentes ejercen sobre el costo de la vida.
Con la prudencia que aconsejan las circunstancias el Gobierno optó por evaluar la pertinencia, costos y los resultados de la suspendida licitación, así como mecanismos que permitan fortalecer el apoyo a la producción agropecuaria y atender las necesidades de las familias en condiciones de vulnerabilidad.
Pese al crecimiento económico, la estabilidad y los reconocimientos internacionales, la situación del país no deja de ser delicada. El Gobierno, al menos por ahora, lo ha entendido con prudencia en el gasto.





















