En este año perimió sin gloria en el Congreso Nacional el proyecto de ley que libera de todo tipo de impuestos de importación los regalos que traigan al país los residentes en el extranjero en ocasión de las fiestas de Navidad, Año Nuevo y en el verano de cada año, dejando sin efecto una de las iniciativas más esperadas por diáspora.
El estatus perimido de esta iniciativa legislativa lo reporta la propia Cámara de Diputado de la República Dominicana.
La propuesta, depositada por el diputado oficialista de la Circunscripción 1 del exterior, Cirilo Ustacio Moronta Then, y el senador opositor de la Fuerza del Pueblo, Franklin Alberto Rodríguez Garabitos, tenía el objetivo de actualizar y superar la obsoleta Ley núm. 9-96.
Esta última norma limitaba la tradicional gracia navideña a un tope de apenas mil dólares estadounidenses y se restringía exclusivamente a las festividades de diciembre. Ante la galopante inflación y las constantes devaluaciones acumuladas durante casi tres décadas, la normativa vigente había quedado rezagada frente a la realidad económica actual.
De haberse convertido en ley, la iniciativa habría transformado de manera sustancial el panorama para los criollos que radican fuera de la nación.
El proyecto establecía un incremento en el valor total de los obsequios exentos de tributos aduaneros, elevándolo hasta los cinco mil dólares o su equivalente en pesos dominicanos por cada período de gracia.
Asimismo, incorporaba formalmente un doble beneficio anual al institucionalizar la exención tanto para la temporada navideña como para la época veraniega.
Para acogerse a este beneficio, la normativa estipulaba como requisito fundamental que los dominicanos no hubiesen ingresado al territorio nacional en los últimos seis meses previos a su visita.
Además, el texto garantizaba flexibilidad en la logística de transporte, permitiendo que los connacionales trasladaran los regalos por la vía que estimasen más conveniente, siempre que estos no se presentaran en cantidades comerciales ni excedieran el monto límite autorizado.
Quedaban expresamente excluidos los vehículos de motor, armas de fuego, materias primas industriales, insumos agrícolas y combustibles, subrayaba la iniciativa.
El espíritu del proyecto descansaba en el reconocimiento profundo del rol vital que desempeñan los expatriados, considerados por el propio proponente como el sostén silencioso de la economía nacional gracias a los miles de millones de dólares que fluyen anualmente en remesas.
Los considerandos de la pieza recordaban que los obsequios no perseguían fines lucrativos, sino que respondían estrictamente a un propósito cultural, afectivo y solidario para estrechar los lazos con familiares y amigos que aguardan cada año el abrazo fraterno en su tierra natal.
La paradoja
Paradójicamente, la perención del proyecto contrasta con la práctica anual que la Dirección General de Aduanas ha venido implementando mediante decisiones administrativas provisionales, elevando por decreto temporal el techo de la gracia navideña para respaldar a la diáspora.
Sin embargo, la intención de los legisladores Moronta y Rodríguez era otorgarle un carácter permanente, con una cláusula de indexación anual atada a la tasa de inflación acumulada del Banco Central, garantizando así que el beneficio no perdiera poder adquisitivo con el paso del tiempo.
Los dominicanos en el exterior, que sacrifican la cotidianidad de su suelo natal para tejer el bienestar de los suyos a la distancia, observan cómo las herramientas jurídicas que buscan honrar su sacrificio se quedan congeladas en los archivos del Congreso.
Mientras las familias se preparan para compartir la cena de Nochebuena y recibir el Año Nuevo bajo el calor de la patria, la ausencia de una ley permanente de exención aduanera deja intactos los viejos obstáculos burocráticos.





















