Al estallar una guerra, un restaurante de comida china en Medio Oriente se convierte en refugio para niños huérfanos. «Érase una vez en el Medio Oriente» es mucho más que una película, es un mensaje a la conciencia, la humanidad y a la protección de los menores.
Dirigida por Wen Muye, la película cuenta la historia de Xu Fu, un chef chino que deja a su madre y a su hija para viajar a Oriente Medio en busca de una oportunidad laboral que le permita mejorar sus ingresos. Allí comienza a trabajar como chef en un restaurante de comida china que rápidamente gana reconocimiento por el sabor auténtico de sus platos.
Pero lo que inicialmente parecía una oportunidad para comenzar una vida mejor cambia por completo cuando estalla el conflicto armado, y el restaurante termina convirtiéndose en un espacio de protección para quienes intentan sobrevivir a un conflicto bélico.
A medida que los enfrentamientos se intensifican en Medio Oriente, el “Restaurante Dragón” comienza a recibir a personas afectadas por la guerra, entre ellas más de una veintena de niños huérfanos, a quienes Xu Fu les ofrece la posibilidad de trabajar como ayudantes de cocina, y al mismo tiempo, un lugar donde dormir y sentirse seguros.
La trama de esta historia inicia su desarrollo cuando Xu Fu, su amigo Ma Junsheng, gerente del restaurante, y Saif, un niño huérfano con habilidades para la cocina, son llevados a prisión por soldados, acusados de ser cómplices de un ataque terrorista.
Mientras el país lidia con un conflicto armado, la película muestra cómo estos personajes terminan formando una familia en circunstancias marcadas por la violencia, pero con la comida china como mediadora.
La comida china ocupa un lugar central en esta historia. De las manos de Xu Fu y su ayudante Saif, el filme revela como cocinar, sentarse a la mesa y compartir un plato se presentan como acciones sencillas, pero que adquieren un significado especial cuando ocurren en medio de la guerra.
Durante una rueda de prensa, Wen Muye, el actor Aarif Rahman, quien interpreta a un soldado chino-estadounidense, y otros integrantes del equipo de producción hablaron sobre el proceso creativo, las dificultades del rodaje y las razones que los llevaron a contar esta historia.
El director explicó que su intención no fue presentar la guerra como un espectáculo militar o de acción, sino mostrarla desde sus consecuencias sobre la población civil y la pérdida de la vida cotidiana.
En ese sentido, la comida adquiere un significado particular. Wen Muye explicó que buscó establecer un contraste entre el acto de comer y la destrucción provocada por la guerra. Mientras el conflicto rompe hogares y rutinas, preparar y compartir una comida representa la tranquilidad, la unión familiar y el deseo de regresar a casa.
“Comer representa la paz absoluta, mientras que la guerra no lo es. Son dos acciones directamente opuestas. Cuando juntas la comida china y la guerra, surge de forma natural una imagen y un simbolismo de paz”, declaró.
La familia también ocupa un lugar importante en la trama. Según explicó el director, la relación entre Xu Fu, Ma Junsheng y Saif termina formando una especie de familia construida en medio de las circunstancias que atraviesan.
“La combinación de Xu Fu, Ma Junsheng y Saif forma en realidad una relación familiar de tres personas. Lo que querían era proteger la seguridad de ese hogar”, señaló.
Otro de los momentos destacados de los encuentros relacionados con la película fue la participación de “Old Wang en China”, un creador de contenido gastronómico de origen iraquí, quien realizó un cameo como el novio en una escena de boda.
Wang, quien vivió los conflictos armados en Irak y Siria antes de trasladarse a China, compartió parte de su experiencia durante la guerra. Relató que su familia llegó a pasar días atrapada durante los combates y sin acceso a alimentos básicos.
«Estuvimos atrapados en la tienda de fotografía de mi abuelo durante cinco días, no teníamos qué comer ni dónde cocinar, solo podíamos beber un poco de agua potable. El primer día, el segundo, el tercero, el cuarto, al quinto día sentíamos que íbamos a morir de hambre», dijo el actor al narrar lo que vivió siendo un adolescente.
Asimismo, expresó que vivir en medio de la guerra cambió su manera de ver algo tan cotidiano como sentarse a comer. Recordó que durante una breve tregua, salir y comer un trozo de pan se convirtió en uno de los momentos más felices de su vida.
«Dijeron que si alguien quería irse entre las 5:00 y las 9:00 de la mañana, ninguna de las dos partes dispararía. Todos corrieron y nosotros también. Cuando llegamos a un lugar seguro, me dieron un trozo de pan, recuerdo muy claramente que al comer ese pan sentí un aroma increíble y una felicidad enorme. ¿Cómo no va a ser algo grandioso tener comida?, para mí es un sentimiento profundamente real», señaló.
La historia de “Old Wang” conecta directamente con uno de los mensajes que atraviesa la película, y deja claro que en un espacio de guerra; comer en paz deja de ser un acto cotidiano y se convierte en un símbolo de seguridad y esperanza para niños, jóvenes y adultos.





















