
La situacion de conflagracion entre las bandas y el contingente de tropas especiales salvadorenas es el tema que ocupa los titulares de estos dias, y cuando el debate es Haiti, los analisis en general, aluden a conceptos de soberania, intervencionismo, vacio de poder, violencia irracional, abandono de la comunidad internacional, etc.
Al final es tambien, un tema de octubre porque America Latina y el Caribe han sido y continuan siendo victimas preferenciales del dominio imperialista, una realidad documentada por siglos de invasiones, golpes de Estado patrocinados, bloqueos financieros y operaciones militares unilaterales que siguen ocurriendo en la actualidad.
Y mientras, aqui, con propositos politicos se mantiene el discurso de que todos los males economicos y sociales son culpa de la migracion haitiana, en las calles de Puerto Principe, sobre todo, sin teoria, hay una violencia descarnada que soportan de manera desproporcionada, las mujeres y las ninas haitianas, dentro de ese caos interno y del injerencismo extranjero dirigido.
Para las mujeres y ninas haitianas especificamente esa guerra desde las bandas es en sus propios cuerpos ahora y antes. Las intervenciones de contingentes militares enviados como proteccion internacional suelen reproducir las estructuras de dominacion que dicen combatir y que son profundamente machistas.
Las recientes investigaciones que involucran estudios de la ONU sobre abusos y explotacion sexual a menores por parte de miembros de las fuerzas multinacionales son el sintoma de un modelo de tutela internacional que opera bajo un manto de impunidad diplomatica, con un enfoque sexista historico y sin posibilidad de justicia.
Es una obligacion moral mirar lo que esta pasando en Haiti desde una perspectiva de genero y dejar la vision militarista machista que pretende construir una paz genuina basandose en misiones internacionales que perpetuan la vulnerabilidad de las mujeres y las ninas especialmente con estrategias geopoliticas que instrumentalizan el dolor local para justificar el dominio regional.
La vida cotidiana se ha convertido en una resistencia a la violencia sexual colectiva como un arma sistematica de control territorial y son las mujeres ejerciendo el comercio informal, quienes diariamente desafian los retenes armados y las extorsiones en las carreteras para llevar alimento a sus comunidades, sosteniendo una economia de supervivencia.
La comunidad internacional ignora, una vez mas el sesgo de genero que agrava la situacion de las mujeres a cualquier edad y a toda la poblacion en Haiti, un reclamo que nunca debe de para por ellas, sostenedoras y mujeres en el fuego.
Una situacion documentada para la indiferencia?






















