Una imagen puede revelar mucho más que la ubicación de un tumor. En el cáncer de mama, la medicina nuclear permite explorar la actividad de la enfermedad dentro del organismo y ofrecer información que ayuda a los especialistas a definir el tratamiento más apropiado.
Así lo explicó el médico nuclear Bayohan Durán, quien señaló que ante un diagnóstico de cáncer de mama, las interrogantes van más allá de identificar la ubicación del tumor e incluyen determinar si la enfermedad se ha extendido, qué tratamiento resulta más conveniente y cómo responde el organismo a la terapia.
“Ante un diagnóstico de cáncer de mama, las preguntas van más allá de dónde está el tumor: ¿Se ha extendido?, ¿Qué tratamiento conviene?, ¿Cómo está respondiendo? La medicina nuclear aporta información para responderlas y acompañar a cada paciente con decisiones mejor fundamentadas”, expresó Durán.
El especialista explicó que la medicina nuclear utiliza pequeñas cantidades de sustancias radiactivas, conocidas como radiofármacos, para estudiar diferentes funciones del organismo. Entre sus herramientas se encuentra la tomografía por emisión de positrones combinada con tomografía computarizada (PET/CT), que emplea fluorodesoxiglucosa (FDG) para obtener imágenes de la actividad metabólica y relacionarlas con la información anatómica.
Doctor Bayohan Durán, médico nuclear.
Indicó que la utilización de este estudio depende del estadio de la enfermedad y del contexto clínico de cada paciente. Entre sus aplicaciones se encuentra la estadificación inicial del cáncer de mama invasivo en estadios IIB y III, así como la evaluación de la extensión de la enfermedad metastásica cuando está indicado.
Durán destacó que conocer la extensión del cáncer permite planificar el tratamiento con mayor precisión. Asimismo, el PET/CT puede contribuir a evaluar la respuesta metabólica a la terapia, especialmente en determinados tumores triple negativos y HER2 positivos, y ayudar a esclarecer sospechas de recaída cuando otros estudios ofrecen resultados no concluyentes.
No obstante, precisó que los resultados deben interpretarse junto con la evaluación clínica y los hallazgos de anatomía patológica, como parte de una valoración integral de la paciente.
Apoyo a la cirugía y detección de metástasis
Otra de las contribuciones de la medicina nuclear en el cáncer de mama es la localización del ganglio centinela, considerado el primer ganglio, o grupo de ganglios, al que podría llegar la enfermedad desde la mama.
Según explicó el especialista, mediante la administración de un radiotrazador es posible identificar y localizar estos ganglios para que el cirujano pueda extraerlos y enviarlos a anatomía patológica, donde se determina si contienen células tumorales.
En pacientes seleccionadas, este procedimiento permite evitar la extirpación de numerosos ganglios linfáticos, lo que contribuye a reducir el riesgo de complicaciones, entre ellas el linfedema, una inflamación que puede afectar el brazo.

Las técnicas de medicina nuclear, aclaró el profesional, no sustituyen los métodos convencionales de evaluación, como la mamografía, la ecografía y la biopsia, sino que los complementan y aportan información adicional para comprender mejor las características y la extensión de la enfermedad.
En ese sentido sostuvo que la integración de los resultados de los distintos estudios permite a los equipos médicos disponer de un panorama más completo para orientar el abordaje terapéutico de cada paciente.
“Para las pacientes, un mensaje es esencial: estas tecnologías complementan la mamografía, la ecografía y la biopsia, y permiten tener un contexto claro de la enfermedad para que la paciente obtenga el mejor abordaje terapéutico, lo que se traduce en un aumento sustancial de la esperanza de vida”, manifestó.





















