Ángela Guerrero
Las llamadas tierras raras son 17 elementos metálicos en la corteza terrestre. Son el grupo 6 de la tabla periódica o lantánidos, que quiere decir en griego, “escondido”. Se los llama “raros” porque son difíciles de extraer y separar unos de otros.
La mayoría de las tierras raras son radiactivas, pero algunas no. Aunque no son tan conocidos como sus homólogos radiactivos, son componentes esenciales de muchos productos y aplicaciones de uso cotidiano como dispositivos electrónicos y tecnología verde.
Simplemente, sin las tierras raras la sociedad actual de alta tecnología no sería posible. Cuando se descubren sus propiedades y aplicaciones en la década de 1960, con la televisión a color, se desarrolló la industria electrónica y otra serie de dispositivos sin los cuales no tendríamos computadoras ni celulares ni ningún dispositivo con pantalla ni automatizado.
Estos minerales se han convertido en una herramienta geopolítica por su importancia estratégica que aumenta con la transición a las energías renovables.
Se hace patente el valor en todos los ámbitos de estos metales pesados y eso opaca el otro problema que traen: la contaminación en su explotación minera.
Reservas Fiscales Mineras
Las reservas fiscales son áreas geográficas instituidas por ley. El artículo 17 de la Ley Minera 146 establece que el Poder Ejecutivo puede declarar una reserva fiscal en una zona minera determinada para exploración de yacimientos minerales y su explotación mediante contratos especiales o por motivos de interés nacional.
Desde 1983, el decreto 900 declaró varias reservas fiscales mineras en todo el territorio nacional para “incentivar” la participación del sector privado en la explotación minera.
Está la Reserva Montenegro en explotación activa por la Barrick Gold en Pueblo Viejo; La Cuaba, en Villa Altagracia, sin concesiones adjudicadas, y la de Ávila, en la Sierra de Bahoruco, bajo la mira de Emidom, empresa “estatal” creada por decreto presidencial.
La última fue creada en 2018 con vigencia de diez años, por las tierras raras descubiertas en 2016 en las bauxitas restantes en la cerrada mina Las Mercedes y sus alrededores. Ya en 2021 denunciamos la extracción de muestras de hasta nueve mil toneladas de material sin explicación de para qué se hacía.
Además de la falta de transparencia con que esta gestión ha llevado a cabo la prospección y análisis de las famosas muestras de nueve mil toneladas extraídas de la Sierra de Bahoruco en 2022 y cuyos resultados ahora sabemos por carambola; tampoco han informado de las asesorías extranjeras en estos menesteres.
Pero lo peor de todo es que nadie en el Estado parece tener en cuenta la proximidad de la Reserva Fiscal Minera de Ávila con nuestra joya de biodiversidad: el Parque Nacional Sierra de Bahoruco.
Soberanía y minería
Desde 2021 estamos escribiendo sobre La Sierra de Bahoruco y su particular y única biodiversidad. Desde la explotación de calizas silíceas de la Belfond hasta las famosas muestras en camiones de nueve mil toneladas de la bauxita de Las Mercedes, en 2022. También advertimos el año pasado sobre las “tierras raras” y el decreto de Emidom en enero de 2024.
En rueda de prensa en el Palacio Nacional, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, declaró que al mundo le hará falta acceder a estas tierras “para todas las tecnologías que son claves para este nuevo siglo y todos los avances tecnológicos que esperamos”.
Además, agregó “que es de ustedes, es de este país” y enfatizó que Estados Unidos, la administración Trump, está como socio para colaborar en desarrollar, “porque prefiero que sea aquí a que estén en manos de un país que ni es amigo, que ni es aliado en el otro lado del planeta”.
Estamos de acuerdo con el secretario de Estado en que son muy nuestras esas “tierras raras”, pero no porque lo diga él, sino porque lo dice nuestra Constitución.
Y le recordamos al presidente Abinader que la Ley General de Medio Ambiente (64-00) requiere que la explotación de recursos naturales se haga bajo estrictos controles ambientales para proteger el medio ambiente y la salud pública.
Por lo tanto, cualquier industria extractiva debe cumplir la ley sin comprometer los estándares de responsabilidad ambiental ni los derechos de las comunidades afectadas.
Al decreto de constitución de la empresa minera Emidom para explotar las “tierras raras” le faltan mecanismos adecuados para garantizar la transparencia en la rendición de cuentas en sus operaciones, lo que podría resultar en violaciones de disposiciones legales y normativas y propiciar privilegios.
Se acaba de publicar un artículo en PLoS ONE que sugiere que la mayor concentración explotable de estos metales está en la parte alta de la Reserva Fiscal minera de Ávila.
Más la sal que el chivo
Un enfoque político integral de la transición energética requiere que cada ciudadano conozca la relación entre los bienes de consumo y los recursos naturales. Esa visión debe revaluarse y actualizarse en base a su dependencia de recursos escasos.
Esto pasa por una matriz energética diversificada y equilibrada puesto que somos una isla compartida. Los movimientos ambientalistas se enfrentan a esta carrera desenfrenada de expansión de la minería de metales raros en nombre de la energía limpia.
El pueblo dominicano ya sufre desde hace tiempo en carne viva las consecuencias de la contaminación de la minería extractivista, metálica y no metálica y es por eso que no podemos permitir que se repitan los mismos desastres ambientales con la explotación de las tierras raras.
Recordemos también que el pueblo dominicano tampoco permitirá—como demostró en Oviedo, Los Haitises, Quance, y en San Juan—que haya otro desastre ambiental como el de Cotuí en la Sierra de Bahoruco, en una zona muy cerca de los límites del PNSB, nuestra mayor reserva de biodiversidad.
Una visión política porque ya hemos visto cómo las multinacionales deciden sobre la explotación de nuestros recursos naturales respondiendo a intereses hegemónicos que amenazan nuestra soberanía, biodiversidad y la salud y vida de los comunitarios afectados por esa explotación.
El reto ambiental y técnico de la explotación
Sin ser alarmista, la contaminación por el refinado de tierras raras es espeluznante. En China hay muchísimos casos estudiados y Kazajistán y países europeos, como España, se enfrentan al dilema de reabrir minas clausuradas por su contaminación. Y no hablemos de la contaminación de los desechos radioactivos por la oxidación de los metales expuestos a la intemperie y por el movimiento de partículas por la excavación. Se habla de 75 mil litros de agua usados por cada tonelada de tierras raras refinadas, recurso que en Pedernales no abunda ni para el turismo de enclave.
Ante esto, hay voces que plantean la extracción sin procesamiento, pero, ¿acaso no llenó de polvo silíceo a Barahona la extracción de la Belfond? ¿No está destruyendo los montes del Bahoruco Oriental? ¿Y no es la extracción de calizas lo que está destruyendo El Pomier? ¿Y no es esa extracción la que plantea Unigold en el Romero, en San Juan?
También hay que afrontar el reto tecnológico de la formación y certificación de personal y laboratorios nacionales para la cuantificación de las reservas de los minerales identificados y su verdadera posibilidad de extracción y explotación porque el mayor valor comparado con el oro, por ejemplo, está en el valor agregado de los productos, como los imanes.
Se ha hecho más que evidente que cualquier independencia de los hidrocarburos conduciría a una igualmente problemática dependencia de las tierras raras. Es hora de afrontar la preocupante complejidad de los retos de la transición energética, tan formidables como los que queremos superar.






















