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Cada 23 de septiembre, el calendario nacional evoca un nacimiento que marcó un antes y un después en el periodismo y la conciencia democrática de la República Dominicana: el de Orlando Martínez Howley. Nació en la madrugada del 23 de septiembre de 1944 en Las Matas de Farfán, provincia San Juan, convirtiéndose con los años en el símbolo indiscutible de la valentía intelectual, la pluma incisiva y el compromiso inquebrantable con la verdad.
De Las Matas de Farfán a la trinchera del periodismo
UASD recuerda 50 aniversario asesinato del periodista Orlando Martínez
Crecido en el seno de una familia trabajadora, Martínez mostró desde joven una profunda vocación por la justicia social.
A su llegada a Santo Domingo, se matriculó en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde abrevó de las corrientes ideológicas de la época y se integró de lleno a las filas del Partido Comunista Dominicano (PCD).
Su aguda capacidad analítica lo llevó a destacar rápidamente en los medios escritos. Desde su columna en la revista Ahora y su labor en el periódico El Nacional, Orlando ejerció un periodismo de trinchera que incomodaba al poder. En una época especialmente hostil marcada por el régimen de los «Doce Años» de Joaquín Balaguer, sus escritos se convirtieron en la voz de los olvidados y en el faro crítico frente a los abusos de Estado.
La vigencia de su legado frente a la represión
La historia de su vida no se entiende sin el trágico epílogo que segó su existencia el 17 de marzo de 1975, cuando fue asesinado a tiros en plena vía pública. Aquel crimen pretendió acallar una voz incómoda, pero logró el efecto contrario: inmortalizó su figura. Su icónico artículo «Un pedazo de patria» y sus valientes posturas sobre la soberanía y los derechos civiles continúan estudiándose hoy como la máxima expresión de un profesional dispuesto a entregar la vida por sus principios.
Esta persona avisó a Orlando Martínez «que lo asesinarían», y aun así desafío el sistema, según Narciso Isa Conde
A décadas de su nacimiento, recordarlo no es un mero ejercicio de nostalgia histórica, sino una urgente brújula moral. Las nuevas generaciones de comunicadores y ciudadanos encuentran en su memoria el recordatorio de que la verdad, la ética y la independencia informativa siguen siendo los pilares más sólidos para la construcción de una sociedad verdaderamente libre.





















